La leyenda La expedición de Murillo a Cupisnique

En la época de Don Pedro Murillo, que fue quien se hallaba de Gobernador cuando el combate de Troche, en 1,842 se refiere a que reapareció, con sumo entusiasmo, la célebre tradición sobre la existencia de tesoros enterrados en Cupisnique, a inmediaciones de San Pedro de Lloc.

Dice que en la época del Virrey Amat y Juniet, el célebre fundador del Convictorio de San Carlos, llegaron al tambo, que hoy –ocupa el actual pueblo de San Pedro, en la Provincia de Pacasmayo, una peara de mulas- cargadas de miles de pesos del rey, conducidos por unos arrieros jesuitas,en comisión del no menos jesuita y comerciante, en Lima don Juan de la Cruz Cuiva. Se ignora eso si, con que destino u objeto aquellos realizaban la marcha por esos lugares. Encontrándose en el apacible reposo, que siempre un paraje, provisto de víveres ofrece a los fatigados transeúntes, llegó al dicho tambo un propio de Trujillo, montado un rápido corcel, con comunicaciones reservadas, y enterados del contenido de ellas, inmediatamente les hizo emprender una súbita e inexplicable partida sin duda con la orden de ocultar el tesoro que conducían para librarlo de algún amenazador ataque pirata.

Fue entonces cuando desaparecieron con tan valiosas cargas, sin llegar a tenerse mas noticias del paradero de los conductores jesuitas. Desde aquella época, apareció el rumor de que habían sido ocultadas en la quebrada de Cupisnique; y por un tiempo, dio lugar a numerosas y brillantes conjeturas, que exaltaban el ánimo y la codicia de varios españoles, par buscar el consabido tesoro. Y a la verdad se a dicho que repetidas veces hallaban los marcados derroteros y pruebas evidentes de su escondite; pero, hasta años posteriores, no se llegó a conseguir nada favorable a los incansables buscadores de entierros.

En 1842 uno de los soldados de la división Torrico, estando en fuga,  al pasar por el referido lugar se detuvo en la quebrada y, sin pensarlo, se halló con el tesoro contenido en zurrones de cuero; indudablemente que el desventurado soldado quedaría pasmado ante la contemplación de tan valiosa e inesperada riqueza y que, abandonada por el transcurso del tiempo, fue ignorada después por las subsiguientes generaciones. Pero, como el prófugo militar no estaba en condiciones de dar expansión a su espíritu, sino de llegar cuanto más pronto a su ansiada tierra o lugar de sus alegrías, no tomó mas que unos cuantos pesos y siguió su marcha, no sin dejar las señales convenientes, para que pudiera regresar en mejor ocasión.  Sucedió que el viajante recluta, ignorando el camino vino a dar por sitios próximos a Ascope, donde el Gobernador Don Pedro Murillo, tuvo noticias de que un soldado estaba cambiando plata goda o pesos de cruz, en moneda corriente. El citado funcionario no necesitó segundo aviso e inmediatamente le echó guante; y consiguió que el preso le descubriera el secreto y, una vez en posesión de él, lo remitió a Trujillo.

Semejante noticia, como es de suponer, causó en Ascope seria inquietud, y todos los principales vecinos, entusiasmados se decidieron a emprender en masa una caravana, la que se prometía arrancar el secreto del tradicional tesoro de la quebrada del Cupisnique.

En efecto, el gobernador Murillo fue el jefe de aquella primera expedición, la que se puso en marcha, bien provista de víveres, para un apreciable número de hombres y para varios días, así como de las herramientas agrícolas necesarias, para desenterrar, con la seguridad que les asistía, los veinte mil pesos. Los ascopanos expedicionarios llegaron, al fin, al sitio buscado en dicha quebrada, y refiérese, que tan solo encontraron los zurrones vacos, sin contenido alguno….

¡Cuál no sería la natural sorpresa y estupor que reinaría en el ánimo del grupo expedicionario, al ver convertido en desengaño, el derrotero propuesto por pasadas generaciones!. Todas las conjeturas y suposiciones que, al pie del cerro Calvario, se forjaron por los engañados traficantes, dieron origen por muchos años, a supersticiosas creencias sobre la ocultación de la plata; creyéndose que el diablo, conocedor de la insaciable codicia que dominaba a casi todos los ascopanos, quiso, una vez llegados al sitio en referencia, burlarlos de una manera patente, presentándoles sólo las camisas de cuero y profundizar en las entrañas de la tierra el rico tesoro. Y a la verdad, que sin dejar de ser supersticioso, parece aceptable semejante creencia que predominó entre nuestros bisabuelos, y asegurar que la plata existe en dicho lugar, quizá en poder del diablo; pero como también es generalizada la creencia de que fue descubierta, años mas tarde y sin pensarlo, por un campesino de la sierra (del distrito de Trinidad), quien  a nadie reveló el secreto, es claro que ya no existe, o cuando menos se conservará muy reducida cantidad.

Sin embargo, no ha faltado después personas que, forjándose diversas conjeturas se empeñaron y emprendieron, durante el último tercio del siglo pasado y parte del actual, caravanas con tal objeto; y aún en el día es de asegurar no faltan de esas personas emprendedoras, que ciegamente desean entregarse a aventuras que nunca serán satisfechas y sólo conseguirán su ruina y desengaño.

Article publié pour la première fois le 24/06/2015

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